—Si crees que te entregaré a mi mujer, mejor siéntate y espera, porque de aquí a un año y medio es mía. Mi hijo y ella me pertenecen y no les temo. ¡Son míos!
Alexander grita y pierde los estruibos listo para empezar una pelea a golpes con Peter y yo le pido con la mirada a Cillian que haga algo. El hombre ni siquiera se mueve de la ventana.
El sonido metálico de la corredera de un arma deslizándose y el seco clic del seguro desactivandose me hacen girar la cabeza de golpe. Había olvidado por c