Camino hacia los sillones, arrastrando apenas los pies sobre la alfombra que cruje suavemente bajo mi peso, y no puedo evitar robarle un vistazo: su mirada sigue fija en mí, cargada de algo que no puedo definir del todo, una mezcla de alivio y preocupación contenida.
—Trajiste contigo lo que tu padre te obsequió y pidió que jamás dejaras. El móvil de tu padre me enseñó tu ubicación en tiempo real todos estos días. Luego hiciste esa transmisión en vivo y supe que estabas bien, con los niños de l