Malakai salió del rancho antes de que el sol bañara completamente la pradera, decidido a encontrar al potro salvaje que se había escapado del picadero durante la noche. El aire era fresco, casi cristalino, y el rocío cubría la hierba como un manto de diminutas perlas, el ritmo firme de los cascos resonaba en la tierra húmeda mientras Malakai, sintiéndose libre y en sintonía con la naturaleza, inhalaba profundamente el aroma a pasto mojado y tierra fértil. Cada latido de su corazón parecía acomp