La noche en que los trillizos cumplieron dieciocho años quedó marcada en la memoria de todos quienes habitaban el rancho Red Moon.
Tras la algarabía y las risas, cuando por fin cayó el silencio sobre la mansión, el aire se llenó de una emoción densa, como si la luna misma hubiera contenido el aliento.
Esa noche, los muchachos compartieron su secreto con Magnus, su abuelo, el viejo Alpha que había sido su guía y protector desde el primer suspiro, con humildad y orgullo, le confesaron que ya habí