Incluso desde la distancia, Malakai supo con certeza que quienes huían entre las sombras del bosque eran humanos. Sin embargo, aquel dato era irrelevante, apenas una mota de polvo en la tormenta de su furia. No le importaba la procedencia de aquellas figuras porque lo único que palpitaba en su interior era el ineludible mandato de proteger a su descendencia.
Dejó que el lobo que habitaba en sus entrañas emergiera sin restricciones, aullando a la luna su rabia desbordada, un canto sanguinario qu