Magnus la esperaba en la entrada de la mansión a su pulga, su postura tranquila, con un aura paternal, mientras dentro de la mansión, dos cafés humeaban en la mesa de la sala, el aroma inundaba el espacio con una calidez que contrastaba con el aire fresco de la tarde.
Una vez dentro, el viejo lobo no preguntó el motivo por el cual la joven había bajado antes de que el vehículo alcanzara la entrada; no tenía necesidad de hacerlo, pues supuso que Malakai tenía cosas que hacer o que Natalie simple