Natalie cerró la puerta de su cabaña con un movimiento torpe y desesperado, teniendo que apoyar su espalda contra la madera de la puerta al sentir cómo el suelo bajo sus pies parecía temblar, pues el día había sido un cúmulo de emociones que no podía procesar, cada una más abrumadora que la anterior, porque si creía que el escuchar el supuesto arrepentimiento de Malakai y que tal parecía que ahora si le creía que él era el padre de su hijo, la había tomado desprevenida, el ser increpada por Nil