Úrsula sospechó de las intenciones de Kamus cuando supo que era él a quien había golpeado en el estacionamiento. Igual que en el mirador y que en el callejón junto al bar, él la abordaba en la oscuridad.
¿Sería tímido? Consideró esa posibilidad al principio, cuando recién empezaba a saborear sus labios. Ahora que él usaba hasta la lengua, ya lo había descartado.
Ella se apartó un instante para respirar. Él le besó la comisura, la mejilla, el pómulo. Quería devorarla, derretirla con el calor de