Úrsula había visto demasiadas películas de mafiosos como para no saber que los "regalitos" a los que ellos se referían solían ser lluvias de plomo o visitas sin retorno al fondo de los lagos.
—Yo... yo ya le hice llegar parte del pago. ¡Le pagaré el resto en cuanto pueda!
El siniestro hombre la recorrió de arriba abajo con los ojos oscuros, ensombrecidos por los sucios deseos de querer sacarle la ropa y hasta las tripas, no tenía duda alguna de eso.
—Podrías terminar de pagar la deuda ahora mi