Alfonso abrió los ojos. Sobre el velador vio una lámpara con forma de premio Oscar y supo que no estaba en su casa. La potente luz que entraba por la ventana lo hirió y se cubrió la cabeza con una almohada. No quería pensar en qué hora era, ni en qué día era; no quería descubrir que había faltado al trabajo y que su vida, como la conocía, se estaba desmoronando.
Los pasos de Unavi lo hicieron enfrentar la luz. Despeinada, sin maquillaje, natural. Era hermosa.
Sonrió observándola hasta que rec