Los promiscuos hábitos de Martín, del todo reprobables para personas decentes, tenían sus ventajas. Conocía muchas mujeres, de todos los tipos y todas partes. Y, contrario a lo que podría pensarse, ellas lo tenían en muy alta estima.
"Soy un muy buen amante", habría dicho él si le preguntaban por la razón. Fuera cual fuese el motivo, sus "amigas" podían serle de mucha utilidad. Él tenía ojos y oídos en todas partes, incluso en Xiamsung, así había conseguido los antecedentes necesarios para afir