—¡No hay ninguna denuncia de robo de auto hecha por tu hermano! ¡Ninguna!
Apenas se incorporó Úrsula en la cama empezaron los gritos de Alfonso. No eran ni siquiera las seis de la mañana.
—Tal vez se tardan en procesarlas —dijo ella, tallándose los ojos.
—¿Hablas en serio? ¡Hasta cuándo lo justificas! No puedo creerlo. Te miente en la cara y ni siquiera te importa. Eres muy lista, pero tratándose de él, te embruteces.
—No me insultes. Yo me encargaré de hablar con él —dio un largo bostezo.
—Le