Disparar primero y preguntar después. La regla era simple. Un contacto extremadamente largo con un objetivo podía generar problemas, sobre todo cuando ya tenía el cartel de muerto escrito en la frente... o te miraba con unos ojos oscuros que podían absorberte por completo y hacerte olvidar todas las reglas.
Mad, absorto en la contemplación de la pequeña mujer escurridiza, invirtió los factores.
—¿Para quién trabajas?
—Para mí misma —escupió ella con actitud desafiante, ocultando el miedo en su r