Carlos llegó a ese lugar sin una señal clara que lo anunciara.
No hubo una fecha marcada, ni una frase que funcionara como umbral. Llegó como se llega a los puntos verdaderamente decisivos: caminando durante años en la misma dirección, hasta que un día el paisaje cambió y ya no fue posible fingir que era el mismo camino.
Durante mucho tiempo, Carlos había vivido rodeado de explicaciones. No mentiras burdas, no engaños evidentes. Explicaciones bien construidas, razonables, incluso elegantes. Era