El silencio que siguió no fue alivio.
Fue vacío operativo.
San Gregorio amaneció con oficinas abiertas y decisiones suspendidas. Nadie daba órdenes claras. Nadie las pedía. El sistema seguía en pie, pero había perdido el pulso que lo empujaba, para bien o para mal.
—Cuando cae una figura central —murmuró Carlos—, queda al descubierto todo lo que sostenía por inercia.
Caminaba por el borde del pueblo cuando lo dijo. No llevaba credenciales. No llevaba carpeta. Solo el cuerpo cansado de alguien q