La respuesta fue rápida... demasiado rápida.
Ese fue el primer indicio de que no se trataba de orden, sino de miedo. En menos de veinticuatro horas, San Gregorio amaneció con comunicados oficiales, controles cruzados y una presencia administrativa que no se veía desde hacía años.
—Esto no es normal —dijo Carlos por teléfono— Es una reacción.
Adriana lo escuchaba desde el lugar discreto donde se había instalado. Tenía el cuaderno abierto, pero no escribía.
—Cuando el sistema responde así —respon