Capítulo 68

El tiempo empezó a comportarse de otra manera.

Ya no avanzaba a empujones, como cuando todo era urgencia, ni se detenía en silencios incómodos. Avanzaba lento, con una cadencia nueva, como si San Gregorio estuviera aprendiendo a respirar sin instrucciones.

Adriana permaneció unos días más.

No por necesidad.

Por responsabilidad emocional.

Había entendido algo que no estaba en ningún manual ni discurso: cuando el conflicto se apaga, lo que queda también necesita acompañamiento. No para ser guiado
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