Capítulo 31
El amanecer llegó sin permiso y una línea de luz gris se filtraba entre las cortinas del pequeño departamento de Mara, pintando la habitación con un tono deslavado, como si el día estuviera dudando de sí mismo.

Adriana abrió los ojos lentamente, todavía apoyada contra el pecho de Carlos. Él no había dormido nada, lo supo por la rigidez de su postura, por la forma en que respiraba, como si cada inhalación estuviera atrapada entre la necesidad y el miedo.

Se apartó despacio, cuidando que el movimiento no fuera brusco.

Carlos bajó la mirada hacia ella, con una mezcla de ternura y agotamiento.

—No quería despertarte —murmuró ella.

—Ni siquiera cierro los ojos —respondió él— No quiero parpadear y perderte.

Adriana sintió un dolor sordo en el pecho, porque cada palabra bonita de Carlos era una joya preciosa puesta sobre un piso de vidrio: hermosa, pero frágil al menor impacto.

—No deberías estar aquí —susurró.

—Tampoco debería estar enamorado de ti —respondió él— Y mírame...

La frase quedó
Sigue leyendo este libro gratis
Escanea el código para descargar la APP
Explora y lee buenas novelas sin costo
Miles de novelas gratis en BueNovela. ¡Descarga y lee en cualquier momento!
Lee libros gratis en la app
Escanea el código para leer en la APP