Capítulo 28

La noche había caído sobre la ciudad como una manta húmeda.
Las luces reflejadas en los charcos formaban manchas anaranjadas en la acera, y el viento arrastraba restos de hojas secas que se incrustaban entre las grietas del pavimento.
Adriana caminaba rápido, con el abrigo ceñido al cuerpo y los dedos temblorosos dentro de los bolsillos.

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