Capítulo 28

La noche había caído sobre la ciudad como una manta húmeda.
Las luces reflejadas en los charcos formaban manchas anaranjadas en la acera, y el viento arrastraba restos de hojas secas que se incrustaban entre las grietas del pavimento.
Adriana caminaba rápido, con el abrigo ceñido al cuerpo y los dedos temblorosos dentro de los bolsillos.
No sabía si tenía frío o miedo.
Quizás ambos.

Desde que Carlos había salido de su apartamento horas antes, no lograba recuperar el aire.
La conversación, las fotos, sus preguntas…
Todo había sido un espejo apuntado hacia ella desde un ángulo que nunca hab&ia

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