Mundo ficciónIniciar sesiónLa noche estaba en silencio, salvo por el murmullo lejano de los autos. Adriana permanecía recostada en el sillón, con una copa de vino en la mano y la mirada perdida en el techo. Los recuerdos la golpeaban sin piedad, como si alguien hubiese abierto una compuerta que mantenía cerrada desde hacía años.
Veía a su madre en la cocina de la vieja casa del pueblo, con la luz amarillenta de una bombilla desnuda. La mujer, con el ceño endurecido y las manos ásperas por el trabajo, repetía lo mismo una y otra vez: “Los hombres no sirven, Adriana. Te usarán, te mentirán, y cuando menos lo esperes, te dejarán rota. No seas como yo. No te dejes engañar por sus sonrisas, por sus caricias o sus supuestas buenas intenciones…” Adriana recordaba cómo, de niña, esas palabras se le habían clavado como agujas invisibles. Su madre hablaba con un rencor que la asfixiaba, y ella escuchaba en silencio, sin poder imaginar un mundo distinto. Ahora, sin embargo, la

![Nunca te dejaré de amar [Historia corta]](https://acfs1.buenovela.com/dist/src/assets/images/book/206bdffa-default_cover.png)




