Mundo ficciónIniciar sesiónLa noche estaba en silencio, salvo por el murmullo lejano de los autos. Adriana permanecía recostada en el sillón, con una copa de vino en la mano y la mirada perdida en el techo. Los recuerdos la golpeaban sin piedad, como si alguien hubiese abierto una compuerta que mantenía cerrada desde hacía años.
Veía a su madre en la cocina de la vieja casa del pueblo, con la luz amarillenta de una bombilla desnuda. La mujer, con el ceño endurecido y las manos ásperas por el trabajo, repetía






