Mundo ficciónIniciar sesiónLa lluvia había cesado, pero el recuerdo del beso persistía como un fuego bajo la piel. Adriana, al llegar a su apartamento esa noche, se miró en el espejo del baño y apenas reconoció a la mujer que la observaba. Sus labios aún guardaban la sensación de Carlos: firmeza, contención y un extraño calor que le había atravesado las defensas.
- ¿Qué estás haciendo? - se susurró a sí misma. Nunca había previsto que él, un hombre tan distinto a todos los que había manipulado, se convirtiera en un imán. Lo suyo con John era un guion ensayado: seducción, control, eventual distancia. Lo de Carlos, en cambio, escapaba a todo cálculo. Durante días, evitó verlo. No por falta de deseo, sino por miedo a lo que representaba. Sin embargo, la ciudad parecía conspirar: siempre terminaban cruzándose en un café, en una galería, en una esquina cualquiera y en cada encuentro reforzaba la tensión invisible entre ambos. El contraste llegó de golpe. John apareció en