Yskara, la madre del rey Bóreas, la madre de todos los licántropos, la matriarca de la manada real, se acercó a la cama sin prisa. Sus ojos recorrieron a Aynara de arriba abajo, evaluando, midiendo.
—Así que tú eres la portadora —dijo. Su voz era un susurro cargado de autoridad, suave pero imposible de ignorar.
—Sí —respondió Aynara, sosteniendo su mirada.
Yskara sonrió levemente. Una sonrisa que no llegaba a sus ojos.
—Interesante. Una humana. Pequeña. Frágil. Y sin embargo, aquí estás, con el