Sin que nadie lo esperara, algo extraordinario sucedió.
Por toda la región, en cada manada importante, llegaron invitaciones. Eran pergaminos de un blanco inmaculado, sellados con oro y lacre rojo, con el emblema de la manada real Lycan grabado en cada pliegue.
Los Alfas las recibieron con asombro, con miedo, con una mezcla de incredulidad y respeto.
La gran coronación de la reina Lycan. La Luna de la manada real.
Las palabras resonaban en cada salón, en cada consejo, en cada rincón del territor