Capítulo 28 Y ellos lo sabían.

Uno por uno, fueron inclinando sus enormes cuerpos, bajando sus cabezas, mostrando sus cuellos en el gesto más primitivo de sumisión. Sus ojos negros, antes vacíos, ahora parecían brillar con algo parecido a la devoción.

El silencio era absoluto.

Elena se tapó la boca con las manos.

Aynara miró a su alrededor, incrédula.

—¿Qué... qué hacen? —susurró.

En ese momento, comprendió.

Ella era una reina.

Los Lycan, tuvieran o no humanidad, eran sus súbditos.

El Gran Espíritu que llevaba dentro, el cac
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