Elena se sentó en la cama, aún con esa sonrisa juguetona.
—Cuéntame todo —exigió—. Desde el principio. Quiero detalles.
Aynara suspiró, pero no pudo evitar reírse.
—No hay nada que contar.
—Mentirosa —Elena señaló su cuello—. Llevas su marca. Su bestia te cuida por las noches. Y dices que no hay nada.
Aynara se tocó la marca inconscientemente.
—Es un pacto —dijo—. Un negocio.
—Claro —Elena puso los ojos en blanco—. Un negocio en el que la bestia más poderosa del mundo viene a consolarte cuando