Los jardines de la fortaleza Lycan eran un milagro de la naturaleza y la magia. A pesar del frío y la nieve que cubría las montañas, allí florecían plantas de todos los colores, rosas azules, lirios plateados, flores que Aynara nunca había visto y cuyos nombres desconocía. El aire olía a humedad y a vida, un contraste extraño con el hielo que rodeaba el lugar.
Aynara caminaba lentamente por uno de los senderos, envuelta en un abrigo grueso que le habían proporcionado. Elena iba a su lado, como