Aynara observaba la escena con una mezcla de diversión y resignación. Las reacciones eran claras y diferentes. Para los lobos y los Lycan, secuestrar a su destinado humano era algo natural. Casi un rito de iniciación. Pero para las humanas presentes, Elena y ella misma, era más que primitivo.
—No voy a secuestrarlo a la fuerza —dijo Tarian, como si eso lo hiciera más razonable—. Solo lo voy a... persuadir.
—¿Persuadir cómo? —preguntó Elena.
—Con encanto.
—¿Y si no funciona?
—Con fuerza.
—¿Y si