Su cara no era de las mejores. Tenía una expresión seria, preocupada, que ella conocía bien. Era la cara que ponía cuando algo lo atormentaba.
—¿Qué te pasa? —preguntó, acercándose—. No tienes buena pinta.
Bóreas asintió, dejando a Uzziel en su cuna. El pequeño protestó un poco, pero se distrajo con un juguete de madera.
—Es ese... fiscal —dijo, frotándose la nuca.
—¿Antonio?
—Sí. Mi hermana... ella tiene un destinado.
Aynara abrió los ojos.
—¿Tarian? ¿Tarian tiene un destinado?
—Sí. Y es él.
—