Cap. 23 ¿Lo... lo mataste?
La puerta de la habitación se abrió lentamente, dejando entrar un haz de luz del pasillo que iluminó las figuras temblorosas de Jorge y Franco.
Pero ellos no miraron la luz. Miraron la silueta que se recortaba contra ella.
Aynara.
Entró con paso firme, sus pies descalzos sobre la piedra fría. La luz del pasillo jugaba con sus facciones, pero lo que realmente heló la sangre de los dos lobos fueron sus ojos.
Verdes. Seguían siendo verdes. Pero ahora había algo más en ellos. Un brillo dorado, tenu