Capítulo. 24 Debí haberla protegido
Aynara levantó una mano y la posó sobre su pelaje. El contacto fue suficiente. La bestia se calmó al instante, su gruñido transformándose en un ronroneo profundo.
Franco observaba la escena con los ojos desorbitados.
—¿Qué... qué eres? —susurró.
Aynara lo miró. En sus ojos, el brillo dorado ardía con fuerza.
—Algo que ustedes nunca podrán entender —respondió—. Algo que Damián nunca podrá tener.
Se volvió hacia Cronos.
—Llévatelos —ordenó—. Que los encierren en algún lugar. Ya decidiré qué hacer