Hizo una pausa, dejando que el silencio se alargara hasta hacerse insoportable.
—¿Son espías en contra de los Lycan?
Jorge sintió que el corazón se le paraba.
—¡No! —exclamó, su voz un grito ahogado—. ¡No somos espías! ¡Lo juramos por la Diosa Luna!
—Vinimos solo por Aynara —añadió Franco rápidamente—. Por la humana. Necesitamos saber si está viva. Nuestra manada... nuestro Alfa...
—Su Alfa —lo interrumpió el hombre con desprecio—. Ese lobezno que no supo proteger a su propia compañera.
Jorge y