Cap. 13 Mi hijo
La bestia parpadeó. Un destello de algo cruzó sus ojos dorados.
—Pero… —la voz de Aynara se quebró un instante, luego se fortaleció— déjame engendrar a tu cachorro. Déjame cumplir con eso. Al menos con eso.
El silencio se alargó. Un segundo. Dos. Tres.
Entonces, ocurrió.
La transformación inversa fue tan impactante como la primera. La bestia se desvaneció como humo, la piel y los huesos reconfigurándose, encogiéndose, hasta que de rodillas frente a ella, desnudo y respirando con fuerza, estaba