Horas después, Aynara estaba de vuelta en su habitación. Elena la esperaba, pálida de la preocupación.
—¿Qué pasó? —preguntó en cuanto la vio—. Sentí algo… no sé… un rugido, una vibración. Casi me muero del miedo.
Aynara se dejó caer en una silla. Estaba agotada. Pero también había algo nuevo en ella. Una calma extraña.
—Sobreviví —dijo simplemente.
—¿Y eso? —Elena señaló su cuello, donde la marca aún brillaba tenuemente.
Aynara se tocó la marca. Todavía ardía un poco.
—Me marcó —respondió—. So