No podía dormir, lo cual había sido cierto todas las noches desde que llegué, pero esa noche se sentía más pronunciado, más punzante, como si el apartamento mismo me estuviera presionando con todo lo que contenía: el libro de contabilidad en la caja fuerte, la cena que acababa de suceder, las palabras de Elena todavía alojadas en algún lugar bajo mi piel de una forma que no había logrado sacudirme del todo, y el silencio de Dominic al otro lado de las velas que seguía dando vueltas y vueltas en