Había estado despierta cuando él llegó a casa, lo cual se había convertido en el patrón en las noches en que tenía reuniones que se alargaban. Oí el ascensor y luego sus pasos. Me levanté y fui a la cocina porque la cocina era donde ocurrían las conversaciones honestas en este apartamento, donde la hora, la luz y la ausencia de escritorios entre nosotros producían la versión de ambos que estaba más cerca de la verdad. Llené la tetera, la puse al fuego y me quedé de pie en la encimera esperando.