—Espero que tú no falles —murmura Marco, soltando el teléfono con pesar y un suspiro largo. Se acaricia la cara.
Una enfermera, contratada por su padre, le estaba curando la herida. Lo lastimó sin querer.
—¡Con cuidado, estúpida! —gruñe con rabia.
Justo en ese momento entra Enzo, y lo reprende de inmediato.
—Trata con respeto a la dama... a menos que quieras que te duela la otra pierna —advierte con voz grave.
—¿Qué quieres? —responde Marco de mala gana.
Dante entra a la habitación sin pedir pe