Ya estaba acostumbrada a despertar temprano. Ni siquiera esperó la alarma. Fue a la cocina por un vaso de agua; su ropa no era muy adecuada: el top y el short de pijama que él mismo le compró y odiaba verla con eso puesto.
Abre el refrigerador para tomar una fruta y, al cerrarlo, se encuentra con la cara de él.
El vaso y la manzana se caen, pero es tan rápido en atrapar el vaso que incluso eso la sorprendió.
—Vas a matarme de un susto—dice, llevándose la mano al pecho.
—¿Por qué te levantas