Sol respira con dificultad, con el cabello y el cuerpo empapado de sudor y semen.
Dante y ella habían tenido tanto sexo que pensó que se le desgarraría la piel.
Le ardía toda la vagina y estaba tan adolorida.
Él se da un trago de agua y lo vierte en su boca. Ella lo recibe sin asco. Algunas gotas de agua se derraman por sus bordes y él la besa con una pasión que le vuelve erecto los pezones.
No comprendía esa química tan profunda que había entre ellos.
No se cansaban el uno del otro.
—¿Ahora lo