El trayecto hasta la residencia de mi abuela resultó sumamente arduo, al estacionar, la primera persona que arribó a recibirme fue Alexandra, quien no se aguardó para reclamarme el motivo por el cual no deseaba atender sus llamadas.
—¡Odio cuando te pones en ese plan! —la miré sin ganas y no dije nada en cuanto a sus quejas.
—Entremos si —le solicité, ella no objetó. Le pedí la bendición a mi abuela cuando estuve en la casa. Ella me besó sin mirarme a la cara, estaba concentrada en unas pla