Me encaminaré hacia mi auto, con la intención de usarlo, pero Tristán tenía otros planes en mente, no había notado que tenía aparcada una moto negra frente a la puerta de la casa. Se dirigió directamente a ella sin siquiera preguntarme si quería embarcarme en moto o en coche; ya encima de su máquina me observó y, golpeando la parte trasera de su motocicleta, me invitó a subir.
—“¡Estás loco!” —exclamé en mi mente; él leyó mis pensamientos y esbozó una sonrisa lobuna. No me subí sin antes pregu