La ansiedad de Victoria se había calmado, pero mi ansiedad se había incrementado cada vez más. Solo verla dormida junto a mi pecho abrazado usando mi camisa era una visión demasiado irreal para mis ojos, quería abrazarla y amarrarla a mi cuerpo. Habían transcurrido tantos siglos que no experimentaba esta constante emisión. Victoria me producía lo mismo que Estefanía había despertado en mí. No sabía si ella era una trampa o el inicio de mi destrucción. No me importaba si la vida era mi precio a