Adrián
—“Esto será un hecho inevitable”, fue el primer indicio que me hizo sentir al observar la enorme equimosis que cubría parte de los pechos de Victoria. En verdad, Romina había ejecutado toda su ira hacia ella. La presencia de tal elemento se propagaba por su organismo, además de sus quejidos. Mientras la mente se llenaba de confusión, mis manos se sujetaban con temor por el exasperante rostro de Victoria.
—No debes permitir que ella muera ¡Te lo advertí! —aseveró la voz de mi padre mat