Capítulo 98 — Tinta, perdón y esperanzas renacidas
El conde Derby, siempre el anfitrión consumado, propuso una partida de cartas en la biblioteca para aquellos que desearan desafiar a la suerte o simplemente prolongar la sobremesa con un buen brandy. El señor Harrison aceptó con una avidez que no pasó desapercibida, y el marqués de Northfolk, junto con Esteban Neville y el duque de Richmond, asintieron por cortesía, aunque en la mirada de Arturo había un brillo de vigilancia que nada tenía que