Capítulo 40 — Entre mármoles y murmullos
Antes de que la luz del amanecer bañara del todo su habitación, Virginia ya estaba despierta. La claridad se filtraba entre las cortinas, pintando con un resplandor suave los muebles, el tocador y el ramo de rosas y tulipanes que descansaba aún fresco junto a su cama. En la bandeja que Amanda había dejado sobre la mesita, además de una taza de leche tibia, se encontraba una nota cuidadosamente doblada.
La caligrafía, alegre y redondeada, no podía ser de