**Capítulo 88** El antídoto que nunca existió.
La luna llena iluminaba tenuemente la majestuosa mansión del aquelarre, y los muros negros relucían bajo la fría luz nocturna. Mason, el imponente rey de los vampiros, reposaba en su lecho de terciopelo rojo, envuelto en una bata de seda negra. Pero su descanso fue abruptamente interrumpido por un golpe apremiante en la puerta.
—¿Quién se atreve a molestarme a esta hora? —gruñó Mason con irritación mientras se incorporaba, y sus ojos carmesíes brillaban con amenaza.
Uno de sus hombres irrumpió