**Capítulo 14** A merced del Alfa.
El eco de los golpes de Samira retumbaba en el cuarto, cargado de una furia y desesperación que la envolvía como un torbellino.
—¡Ayuda, por favor! —gritaba, mientras sus puños chocaban contra la puerta cerrada, sabiendo que el castillo era enorme, pero también consciente de que los lobos en su interior, con sus sentidos agudos, podían escucharla—. ¡Solo quiero una reunión con el supremo, no pido nada más!
De repente, la puerta se abrió con un golpe seco, y en el umbral apareció una omega. La