61- La hija de dos madres.
Sin decir una palabra, Cloe levantó los brazos y, con un gesto suave, pero poderoso, invocó su divinidad.
Un resplandor etéreo brotó de sus manos, creando hebras plateadas que se entrelazaron formando un domo translúcido que descendió como un escudo entre Elyria y el mundo exterior.
Gregor fue empujado hacia atrás por una fuerza invisible, quedando fuera, apenas de pie, mientras observaba impotente cómo su luna, la mujer por la que daría su vida sin pensarlo, quedaba encerrada en aquel confina