60- El poder de una semidiosa.
Ronald se acuclilló sobre Elyria, dejando que sus colmillos salieran, largos y afilados.
Elyria contuvo un espasmo de asco cuando la lengua rasposa de Ronald recorrió su cuello, buscando el punto exacto para marcarla.
Un chasquido metálico llamó la atención de Ronald, pero le restó importancia sin imaginarse que los brazaletes de Elyria se habían roto en ese momento.
De pronto, unas garras se hundieron en el pecho de Ronald. Quien gimió, retrocediendo unos centímetros; y el dolor brilló en