62- El juicio de la loba mentirosa.
A mitad del camino hacia la manada, Gregor, sin poder transformarse, trastabilló, mientras su respiración se volvía errática y el sudor le perlaba la frente.
Cloe, que iba caminando delante, se detuvo, mirando de reojo que él apenas podía mantenerse en pie, y no lo pensó dos veces. Lo sostuvo sobre su hombro con fuerza, sintiendo el peso de su cuerpo.
—¡Aguanta, alfa Gregor! —le ordenó.
Él intentó hablar, pero solo un gemido ronco y avergonzado, escapó de su garganta.
La conexión con Ragnar… a