59- En las garras del alfa enemigo.
Cloe asintió, cerrando los párpados. Un resplandor suave comenzó a palpitar en torno a sus dedos.
—Silencio —pidió.
Los lobos contuvieron el aliento. La luz que emitía la luna llena se filtró entre las ramas, bañando a Cloe en plata. Sus labios se movieron sin emitir sonido; buscaba el cordón espiritual que la unía a su hija. De pronto, sus ojos se abrieron.
—La siento… al sur‑este, cerca del límite con las montañas negras —susurró—. Está herida… no gravemente, pero débil. Y… adormecida por un